30/7/10


Mientras menos música escucho, más suicida me pongo.

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Muchas veces me encuentro derepentemente triste. De un momento a otro, pensamientos horribles invaden mi mente. Son (estimo) entre 10 y 20 milésimas de segundo de tristeza pura, genérica, inclasificable. Con la instantaneidad de un dedo que hunde una semilla en la tierra, algo, o alguien, hunde la tristeza en mí. Luego son eternidades de esa tristeza creciendo, un crecer en el que se adjudica un nombre, a veces con apellido, a veces sin. Se detiene en un momento, se sitúa en un lugar. Y para cuando echó sus raíces, mi cuerpo ya se puso triste todo. La tristeza se transforma en impulsos nerviosos, que luego de un proceso, que oscila entre perfectamente natural e increíblemente mágico, se traduce en mis manos escribiendo tristeza.

y así estoy un buen rato. Hasta que de repente, tan de repente como me puse triste, me doy cuenta que no hay porqué de tal tristeza. Me digo a mi misma que una chica inteligente no se pone triste sin motivo a no ser que sea Domingo o bueno, eso ya sería un motivo, entonces reviso la luna, para corroborar el sinsentido, y si la luna me afirma que no, que no es ella la del dedo en la semilla, entonces prosigo….
Y mi Capricornio no me permite los porque sí o los porque no. Y entonces me pongo un sobre todo, un sobrero, una lupa y empiezo a andar sobre mis pasos. Todo cambio proviene de otro cambio, me digo. Y eso es lo que empiezo a buscar ¿Qué cambió? Reviso lo que leí, reviso lo que escuché, reviso lo que hice. (Es que a veces la tristeza entra por la puerta de atrás y no nos damos cuenta hasta que se le cae un jarrón al suelo). Voy y vuelvo sobre mis pasos, voy y vuelvo. Pero nada…Hasta que algo. Muy a menudo ocurre que siempre resulta lo mismo: En algún momento, entre mis acciones y reacciones cotidianas, se había acabado el disco.
En ese instante, desesperada como un asmático que busca su inhalador en medio de una crisis severa, sin mirar, ni pensar, doy aire a la primer música con la que me encuentro. Y de a poco, mis signos vitales se estabilizan...

Ahora, ya de vuelta a mi estado natural, que es todos-menos- triste, siempre se me genera la misma duda (la duda frecuente y repetitiva, sin duda uno de mis estados naturales): Entonces me pregunto, sabiendo que no importa la respuesta: ¿La música, me salva o solo me aletarga?

Y ahora pienso que, quizá, la salvación, no es más que un letargo eterno.




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