4/7/10


[Texto prescindible: Instinto Imprescindible]

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Hace algunos días volvía de no recuerdo dónde, ah sí! me acordé! Volvía de comprar entradas para un recital. Por eso estaba alegre y feliz (que no son lo mismo) caminando por corrientes.

[Texto prescindible: Si alguna vez me ves caminar por corrientes en dirección al río, mi alegría se debe al simple hecho de caminar por corrientes en dirección al río. Pero si acaso me ves alegre caminando en dirección contraria, podés asegurar que en mi cartera hay alguna entrada para un recital.]

Cuando de repente veo un nene, sentado en la vereda, con sus piernas flexionadas y abrazadas por sus brazos, su carita no se podía ver porque estaba entre sus rodillas, pero se adivinaba que estaba llorando (es que a veces, no se llora solo con los ojos, se llora con todo el cuerpo). Con él había dos señoras. Un poco por curiosidad de “esa” que todos tenemos y otro poco por verdadera preocupación, le pregunto a una de ellas que pasa. Me cuenta que no saben, que hace rato le preguntan al nene, pero que no contesta, y no paraba de llorar.

Me sumo al grupo, me parte el alma, le pregunto con vos suave que le pasa, si tiene hambre, si tiene sed, si le pasó algo, si le hicieron algo. No contesta. Ejecutiva como soy me paro y voy al kiosco a comprarle algo para comer.

Mientras me dirijo al kiosco, veo el Mc Donals, y pienso que si bien no es el ejemplo de comida sana, cuando uno está triste quiere comida rica, no sana, y aparte es chiquito, y cuando yo era chiquita, Mc Donals era una especie de premio…

[Texto prescindible: Es que cuando uno quiere ayudar a alguien, tiene que hacer ese increíble y casi sobrehumano esfuerzo de ponerse en el lugar del otro. Odio cuando la gente quiere ayudarte como ellos querrían ser ayudados o como creen (desde ellos) que te ayudan. No señores, eso no es más que egocentrismo disfrazado de otra cosa.]

…Entonces fui y compre una hamburguesa de oferta. Corrí (no sé porqué corrí, pero corrí) y el nene y más personas ahora, seguían ahí.

Me contaron que les contó que se llamaba Jorge y tenía 8 años, pero aun no sabían porque lloraba. La gente pasaba y miraba, preguntaba que ocurría y seguía. Todos, o varios de los transeúntes tenían esa actitud. Algunas personas se quedaban e intentaban conseguir que Jorge hable. Una de esas fue una mujer muy violenta, con una voz horrible, que hablaba sin agacharse, desde arriba, que fea! Que fea mujer! Parecía que estaba concursando en un programa de TV y estaba segura que podía llevarse un premio logrando que Jorge hablase. No le habló (yo tampoco lo hubiese hecho). Por mi parte, yo trataba de que coma. No lo lograba. Y me tuve que ir.

Lo cierto, ciertísimo, y en honor a la verdad: No tenía ningún compromiso, pero era muy tarde, tenía más de una hora para volver a casa y…ok, cualquier excusa es menor. Pero el caso es que ya había varias personas alrededor de Jorge. Y tenía la sensación de que yo estaba para algo ahí, y ese algo ya había sido cumplido.

Le di mi tarjeta a una señora y le pedí que me avisara si necesitaban algo y creía que yo podría ayudar. Me acerque y le dije a Jorge en el oído “Tenemos que contar lo que nos pasa para que la gente nos pueda ayudar”, con la esperanza de que lo aplique en ese momento y para el resto de su vida. Le di un beso en la cabeza y me fui.

Caminé algunas cuadras, un poco buscando la parada del 59, otro poco pensando en Jorge, y con Jorge pensaba en todos los otros Jorges que había en el país y el mundo, en el hambre, en yo y mis entradas y mi culpa burguesa, en todas esas cosas que uno piensa cuando piensa. Fue ahí cuando me di cuenta de algo. Algo no menor. Algo que me hizo entender otra cosa para siempre. Me di cuenta que todas las personas que se detuvieron y quedaron alrededor de Jorge, fueron mujeres.



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1 comentario:

Anna dijo...

Gaby, voy a tener 10 000 dedos acusadores encima mio ahora, como cuando digo que Maradona era más lindo cuando estaba retirado.

Probablemente ese chico era obligado por algún adulto a estar ahí sentado llorando.

Te apuesto lo que quieras que lo volvés a ver en otra esquina en la misma situación.

Te conviene ver "tiempo de gitanos" de Kusturika y salir con un Kioskero que te enseñe todos los "truquitos de la calle"

No es menos angustiante, lo se, es un niño ABUSADO y nadie hace nada.